-¿Dónde me vas a llevar?- Preguntó Dess.
-Es sorpresa...
-Pero... aquí no hay ningún lugar para cenar ni nada...
Dess estaba extrañada, pues se encontraban en una especie de bosquecillo, con unas vistas preciosas a todo el centro de Londres. No había nadie, estarían totalmente solos, pero no entendía las intenciones de Harry.
-¿Cómo que no hay ningún sitio para cenar?- Entonces Harry saco de detrás de un árbol una cestita y Dess lo comprendió todo y sonrió.
-Eres increíble Harry- Dijo Dess, pero después se arrepintió un poco de haber dicho aquello, "pensará que soy tonta", pensó.
-Lo sé.- Dijo él con esa preciosa sonrisa suya.- ¿Por qué crees que llegué tarde? Alguien tendría que preparar todo esto...
-Ah bueno, en ese caso si que te perdono de verdad- rió.
Ambos se sentaron en el suelo en un mantel que Harry había traído. Habían unas vistas realmente preciosas...
De repente esa hermosa voz la arrancó de sus pensamientos:
-Entonces, ¿te gusta el lugar?
-Sí... Es precioso... Me pregunto a cuantas chicas habrás traído aquí.- Sonrió maliciosamente.
-Perdóname, pero no tengo ganas de ponerme a contar...
-¡HARRY!- chilló ella e hizo la intención de pegarle pero él le agarró la mano y ambos estuvieron varios segundos mirándose a los ojos en silencio muy cerca el uno del otro.
-Es broma. Este es un lugar especial donde solo traigo a gente especial. Eso quiere decir que eres la segunda persona a la que traigo aquí.
Dess al principio se lo tomó a broma, pero después pensó y se molestó un poco.
-Ah... ¿y quién es la otra persona?- Dijo susurrando.
-Louis.
Entonces ambos soltaron carcajadas.
Tras una noche de risas y caricias, Dess se dio cuenta de la hora que era y tuvo que marcharse, aunque no quería hacerlo. Ese chico era un cielo. Se había molestado en cocinar unos deliciosos macarrones con queso y de postre fresas con chocolate, el postre de los enamorados. Pero no, menuda tontería, él las habrá preparado porque ella le dijo cuando le conoció que adoraba el chocolate. Después de aquella inolvidable noche, él le prometió que la llamaría. Aunque ambos también habían sugerido quedar alguna vez en grupo todos juntos.
Al llegar a casa, Dess se encontró a Jane tumbada en el sofá viendo la tele con un bol de palomitas y se preocupó:
-Jane, ¿qué haces despierta a estas horas?
-¿Por qué todo me sale mal?
-No digas eso... A ver, ¿qué ha pasado?
-He perdido mi móvil...
-Bueno, podría ser peor...
-¡¿Peor?! No, no hay nada peor, aquel chico...
Entonces Dess recordó y supo porque le importaba tanto su móvil.
-Oh... - pero entonces Dess tuvo una idea- ¿Y por qué no buscas en la guía de teléfonos su número?
La idea no era mala, pero Jane sabía que no iba a encontrar su número en ninguna guía.
-Es que... no puedo...
-¿Por qué no? ¿No me digas que no sabes ni si quiera su nombre Jane?
-Eso es...- mintió- No lo recuerdo, es que es un nombre inglés muy difícil y fue él quien lo apuntó en mi móvil...
Jane no quería decirle por ahora la verdad. Sabía que se reiría de ella, que le diría que es una ilusa, y no tenía ganas de escuchar aquello.
-Pues no sé cariño, alguna otra solución tiene que haber... ¿Has llamado y nadie te lo coge?
Jane se limitó a negar con la cabeza. Dess se dio cuenta de que verdaderamente estaba triste y se sentó a su lado y la abrazó. Entonces pensó en alguna forma de animarla y supo que decir:
-Hoy he conocido a un chico... Me dijo que algún día podríamos quedar las dos con sus amigos. Todos son geniales, ¿te apetece?
-Bueno, sí, estaría bien...- Jane intentó sonreír todo lo que pudo. A pesar de que no lo hizo mucho, parecía una sonrisa bastante sincera.
-Ahora a dormir princesa...
En otro lado de la ciudad...
Harry se preguntaba qué hacer con el móvil que había encontrado. Había intentado llamar a varios números, pero todos eran números extranjeros por lo que no podía realizar llamadas. Sentía lástima por la chica que había perdido el móvil, pero no podía hacer nada más.
Entonces vinieron el resto de los chicos que interrumpieron sus pensamientos:
-Eh tío, ¿qué haces aquí solo?- Preguntó Zayn.
-Pues veréis, he encontrado un móvil y no sé cómo devolvérselo a la chica porque no puedo llamar a nadie...
Harry les contó toda la historia, fue breve. Entonces cogió el móvil y se lo enseñó a los chicos.
Una Black Berry blanca normal, con una pequeña peculiaridad: Esas pegatinas rosas en forma de corazón que uno de ellos conocía, le sonaban, pero, ¿por qué?
Entonces lo supo y le arrancó el móvil de las manos a Harry:
-Eh tío, las cosas se piden por favor...
-Calla, tengo que comprobar una cosa.
El chico se metió en la agenda de contactos de aquel móvil para asegurarse la verdad y, entonces ahí estaba, su número.
-Liam, trae el cargador de tu BB antes de que este se quede sin batería y no sepamos el código- ordenó serio. Ahora sabía el motivo porque aquella chica aún no le había llamado.
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